The Day of Doom

1:10 AM

Sabiendo que la noche es joven y que hay montones de cosas por hacer, decido que esta vez, un fuerte dolor de cabeza es lo que me va a paralizar. No me esforzaré por omitirlo, a mi edad ya es un poco peligroso hacer como si los dolores no existiesen. Me aíslo pues de todo sonido y me dispongo a tomar un descanso, el cual mi cuerpo no me está pidiendo, para mejorar mi condición porque así operamos nosotros, los sometidos a sistemas, a tomar acciones predeterminadas y no atrevidas y eso es porque hasta el atrevimiento ya viene programado.

Primer aparte

Me siento mal porque sé que debo hacerlo, los golpes de la intemperie tienen el peñasco hecho un hilo, sin embargo, como se ha perdido masa, el hilo es muchísimo más flexible frente a las agresiones del medio, ya casi nada le toca.

Antes de la 1:10 AM

Había pasado horas frente al mismo trozo de espacio en blanco, y así era todos los días desde hace un poco más de tres meses; me quería convencer de que los cúmulos de información que tenía en la cabeza, eran lo que no me dejaba obtener un resultado con efectividad, pero ese, rara vez es el problema real.

Había memorizado tantas cosas inútiles que a este punto, difícilmente podía distinguir hasta mis propios intereses, convirtiéndome así, en una mas amorfa de ideas impropias, que me posibilitaba hablar de cualquier cosa con cualquier persona, pero sin ahondar en ello y sin distinguir siquiera un punto de vista genuino frente a cualquiera que fuera la situación.

Sé que la respuesta está ahí, mucho más obvia de lo que espero, debo empezar, por no omitir lo obvio.

3:50 AM

Unos colmillitos se han encajado en mis pies, abro la puerta torpemente para que el animal pueda llevar a cabo sus juegos de madrugada alrededor de toda la casa.

He dormido tantas horas, pero de descansar no tengo idea, mis ojos siguen agotados y es porque mi mente no tiene sosiego.

Incluso cuando estoy llegando a un estado profundo del sueño, puedo sentir mis globos oculares sacudirse en sus cuencas de un lado para otro.

Este agotamiento mental, me roba hasta el apetito, no he salido ni a dar mis típicas caminatas nocturnas y entro en actividades triviales como organizar mi desenmarañado cabello.

Tengo mucho miedo de convertirme en un humano.

The morning after

No sé si a todos les pasa igual, pero al menos, yo soy muy consciente de lo que va a suceder en el futuro cuando ejecuto una acción, reconozco claramente el error dentro de todo y finalmente, está dentro de mi determinación, el obtener una buena o mala consecuencia.

Era la mañana después de esa noche en la que decidí hacerlo todo mal. Muy de madrugada, gracias a un mareo, había abierto los ojos de golpe; por un momento no supe quien era ni dónde estaba entonces una extraña pesadez cayó sobre mis sienes y todo vino a mi memoria de golpe.

Mi cabeza flotaba extrañamente sobre un retrete el cual recibía crudamente un montón de líquido que no paraba de expulsar por la boca mientras apretaba los ojos para no verle, porque aunque fuera mío, el vómito me daba algo de repulsión y más cuando difícilmente podía enfocar con mis ojos.

Este ha sido entonces el gesto más preciso para representar un exorcismo contemporáneo, había vomitado tanto que al final solo le hacía presión a mi estómago y tosía; a la mañana siguiente me sentía tan mal que casi lloré de la felicidad.

Todas estas sensaciones habían regresado por fin, la desolación, la pesadez, esa graciosa certeza de abrir los ojos y darte cuenta que estás absolutamente solo y con la sensación de que esto nunca cambiará.

-No hay que ser hipócritas- me dije a mi mismo- soy una persona depresiva y deprimente, que trabaja bajo sus propios impulsos, que teniendo a alguien más a su lado se convierte en una masa irreconocible de mentiras y pretensiones, así es como debe ser y que esto me sirva para no volver a intentarlo.

Me zambullí entonces en las densas cobijas apretando mi cabeza contra los brazos, respirando tan hondo para tragar el llanto que estaba a punto de salir.

Entre ser y estar hay una diferencia enorme, hay quienes están solos y hay quienes somos simplemente solos.

Bad Feelings

Sólo podría describir el insomnio como algo agudo, no se me ocurre nada más para definirlo. Esta vez, la ausencia de sueño durante largos periodos de tiempo me ha regalado una temporada de avidez y rapidez mental como para absorber un montón de información que he ido recolectando a medida que voy caminando.

Con o sin humo, la tos es recurrente pero gracias a varios de estos ataques, me he evitado en caer en “brazos de Morfeo”.

Abro la ventana de madrugada a pesar de estar todo tan frío acá adentro y a la luz pálida de los primeros rayos de sol en la madrugada, empiezo a trazar pequeñas líneas en uno de mis cuadernos y mientras me pierdo en todos estos trazos, comienzo a recordar esas historias que no son agradables de contar.

El helado viento del invierno era cálido comparado con la desgracia y el desasosiego que sentía al recorrer las calles con mis botas amarillas tal y como si cada paso que diera, apuntara a la infelicidad, sin embargo, un sentimiento de responsabilidad frente a un compromiso previamente adquirido y unos retazos de bellos pero escasos recuerdos me mantenían sobre la marcha pero siendo consciente de que desde que había abandonado la casa, había fraternizado con la desgracia.

Quería pensar que todo había quedado en el pasado  y que el pasado simplemente es parte de eso, de un pasado; pero cuando una cicatriz duele, es casi que imposible no prestarle atención y más aún cuando  lo que estás persiguiendo se encarga de poner el dedo en esta herida, ya sea voluntaria o involuntariamente.

Mi filosofía de vida siempre se ha basado en la paciencia y en el no guardar rencores, pero ante tantos acontecimientos que hacían la función de señales, no me podía permitir el archivar información que seguía vigente.

He perseguido ese conejo rojo por meses aún dejando de lado los asuntos importantes que tenía en casa, pero su imagen es recurrente en mi memoria, no puedo evitar pensar en cómo huele y en la sensación de gozo que me invadía cada vez que le tenía en mis manos, pero es un lujo que no me puedo permitir ya que el animal desprende un veneno tan peligroso, que podría matarme en menos de un año.

Me siento a tomar aire en un banco de cemento, miro hacia el suelo y al levantar nuevamente mi mirada, le veo allí, su sombra roja de orejas puntiagudas me tienta a perseguirlo a lo que efectivamente respondo echándome a correr, le pierdo de vista un par de veces, tomo atajos prediciendo sus movimientos, jadeo, le busco con mi mirada pero ya no está.

Camino entonces lentamente, casi al borde del llanto, con una opresión en el medio del pecho y el sudor escurriéndome por la frente; estoy muy cansado, así que busco donde sentarme nuevamente. 

Apoyo mis manos en las rodillas y bajo la mirada. Allí está, su sombra se proyecta desde un solo cuerpo.

El conejo rojo soy yo. 

Tainted blood

Justo en la parte parietal del cráneo, muy cerca a la nuca se localizaba un ardor que iba atrapando mi cabeza de atrás hacia adelante, como si me estuvieran desollando; sensación que sólo podía ser parte de un severo caso de insomnio.

El demonio ahora tenía ataques de paranoia al creer que la gente le perseguía en las calles cuando salía a caminar de madrugada; todo el juego se había invertido y ya no era divertido.

Varios años han pasado y los rastros del tiempo se notan mayormente en mis manos que esta noche van cargando una pesada maleta color naranja, la pongo delicadamente sobre la parte de atrás del coche, lo abordo gracilmente como si estuviese rodeado por un público que examina cada uno de mis movimientos, y digo casi entre susurros: -conduce, a donde quieras.

Araño la maleta con mis uñas suavemente, casi que creando una melodía, mientras me repetía insistentemente y en voz alta, el que no puedes aferrarte a algo que no existe pero justo cuando intento redondear el argumento, mis párpados resbalan, sumergiéndome en cortos periodos de sueño.

He llegado entonces al borde un peñasco al que llegamos por azar, el viento que sopla se asemeja mucho con el aliento de una persona cuando se acerca a tu rostro, arrojo entonces la maleta naranja, dejando caer antes, un contenido rojo que empaqué cuidadosamente en una botellita de cristal, sobre mi azul cabello.

No quise girar siquiera, todo se había ido precipicio abajo y mi cabeza estaba tan desordenada que no podía ni siquiera sentir remordimiento.

Introspectives

Hace algunos días ya que había decidido despedir a E, no podía mantener pendiente de alguien que no estaba aportando nada a la casa, se la pasaba tendida en la cama de la azotea con los brazos detrás de la cabeza y mirando por la ventana, buscando una oportunidad para salir.  Así no funcionan las cosas, si ella no se hace notar por si misma lo mejor es acortar el personal y empezar a tomar por mis propias manos las labores que le correspondían, a demás, no había mucho espacio en la casa para tres personas, así esta fuera una completa mansión apilada a lo alto invadida más por espacios vacíos que por polvo.

Ya no hay un rastro de humo persiguiéndome, a veces lo extraño.

He salido a caminar después de que la he visto marchar hacia quien sabe donde; creo que en este punto ya no me interesan tanto las miradas de las personas, ver sus reacciones hacia mi ya no me divierte y me és muy indiferente si siguen pensando que soy un demonio, solo quiero caminar ese par de tramos de la calle quie siempre recorro justo cuando está más abarrotada con mis ojos muy abiertos y fijos en el suelo.

El príncipe se encuentra mejor, así que entiendo menos el por qué de mi inquietud. Aparto una mesa allá en el fondo de ese amarillento y profundo sitio, levanto la mano, pido un trago, miro a la silla del frente y allí estoy, más pálido que nunca con los ojos mucho más abiertos y un extraño tic en la mandíbula.

-Hola Ao-

-Hola, ¿por qué me llamaste?

-Quiero hablar contigo, como amigos, necesito entender algo

- Bueno pues, creo que soy la persona más indicada para discutir esto contigo y creo saber qué exactamente es lo que nos impacienta, mira Ao, siempre hemos cargado con esto, con esa responsabilidad auto vendida de ser el escudo de la casa y eso está muy bien pero a pesar de tus grandes hazañas, hay algo que sigues sin entender.

-¿Y tu si lo entiendes?

-Cuando regreses a casa toma al príncipe por los hombros, mírala fíjamente y masacra sin piedad todo eso que las separa.

-Los muros son intocables

-¿Entonces ella por qué los araña, los pinta, los rompe, y juega con ellos como si no le importase? El príncipe detesta esos muros, pero los adapta para no sentirse tan incómoda, no me mires con esa inseguridad, anda, acábate eso y vamos.

Salgo del sitio con paso apurado, correr como loco es uno de mis pasatiempos favoritos cuando estoy bajo presión.

Algo morirá pronto, no sé cuando pero me tomará por sorpresa.

The Binding

Hacía días que no iba a ver al príncipe a su habitación, sé que había estado durmiendo y había hecho un pedido de doce saquitos rojos confeccionados de igual manera para cubrirse del invierno, también supe que pidió instalar un cómodo colchón, una chimenea y una lamparita de aceite, lo que me dejó, particularmente curiosa.

La noche anterior he salido como siempre a caminar entre la espesa neblina y como antes, las calles estaban desiertas gracias a la “hora bruja”; ya me hacía falta olfatear ese miedo que destilaba la gente y que impregnaba las hendiduras del piso; sentir todo eso bajo mis botas me hacía sentir simplemente viva y hasta a veces olvidaba que al demonio al que temían que se les acercase era yo. Sonreí.

Agarré un par de piedrecitas blancas de camino a casa, las puse en una bolsita y bajé al sótano a ver al príncipe, al cual encontré, ataviado en un par de saquitos rojos y caminando de un lado a otro de la habitación.

-Ao ¡que bueno que viniste!- casi me que gritó, haciéndo un ademan con los brazos para que entrara.

-La veo de mejor ánimo y debo decir que este espacio se vé mucho más agradable

-¿verdad que sí?- preguntó con emoción, embutiéndome a su vez en un sofá- mira, mira, he pintado tantos conejos que toda la pared se ve roja, no me queda ni un espacio- hizo una breve pausa mientras contemplaba sus pinturas- pero eso no fue por lo que te llamé.

-¿Me necesita para algún recado especial?

-Siempre Ao, siempre, tu eres mi soldado más viejo y fuerte; necesito que hagas algo por mi ya que yo no quiero dedicarme a otra cosa que no sea pintar mis conejos rojos.

-Lo que usted quiera mi príncipe, siempre estoy a su disposición.

-Perfecto, perfecto- chilló con su voz de niñita y entregándome una botellita, agregó- Este es un regalo de un viejo amigo, que como tú, sale a la hora de las brujas a espantar gente, la manera de usarlo es en pequeñas cantidades, úsalo cuando lo creas necesario porque necesito que representes a la casa lo mejor posible allá afuera mientras a mi me da la gana de salir de mi letargo.

Abrí el paquetito y adentro, ví una especie de ceniza plateada con un olor a muerte bastante particular, agarré un poquito con el dedo índice y la olfateé más de cerca.

-Con olerla bastará- dijo la niña abrazándome por la espalda- Es algo agradable de usar, ya sabrás cómo hacerlo, es un perfume mortífero que en pequeñas dosis te hará sentir que horas de vida se han apiñado en minutos, no temas a los efectos, porque si hay alguna substancia que te haga sentir que tienes el mundo en tus manos, úsala, así te vas acostumbrando a ese sentimiento.

Estoy caminando nuevamente, el príncipe tiene razón, no podría actuar a mi parecer, debo hacer como se me encomienda, ya que mi compromiso es proteger la casa, debo recordar de donde vengo  y quién era antes de la autonomía que me regaló ella estando bajo su techo. 

Soy en el fondo, el viejo K, el escudo legendario del Kaiser, y tenga el nombre que tenga, eso jamás va a cambiar.

Underground Manifesto

El sótano, a parte de ser un lugar aparentemente tétrico y reducido, es un espacio cómodo y resguardador, el cual nos da la libertad de hacer lo que se quiera pero fuera del alcance de las miradas curiosas de los demás. (nuestros secretos estarán a salvo)

El sótano, más que ser un lugar es un estado, un pensamiento y un estilo de vida, por el cual se opta, se require de disciplina y una tendencia sobrenatural por el dolor, la soledad y la persistencia de querer recaer en ellos en todo momento.

Como estado, nos permite mantener siempre un balance en una actitud nada positiva y un poco más pesimista de la realidad, en la cual nos podemos sumergir, la cual podemos complejizar y analizar, pero jamás intentar cambiarla hacia el otro extremo, tal como si fuese un pozo por el cual sólo se puede descender, pero jamás intentar alcanzar la superficie.

Como pensamiento es equilibrado, no se hacen pues planteamientos acerca de un mejoramiento, porque no estamos tratando con una patología, y éste a cambio nos dará, una claridad acerca de las visiones que se tienen preconcebidas de las cosas; el truco está en dormir poco y abstraer mucho del medio sin establecer mucho contacto físico con éste.

Como estilo de vida, el sótano nos aleja de posibles intrusiones por parte de otros individuos, siendo éste una fortaleza totalmente sólida. Nos involucra en un mundo de creatividad que enlazamos con procesos cognitivos concretos y totalmente conscientes. Si sentimos en este momento que estamos muy cansados, es bueno tomar una siesta e ir dando por sentado, que el cansancio es inexistente; cuando algo se cansa, muere, tal y como pasa con las células. Sin embargo no importa, descansemos un poco, no mucho, ya que el ensueño nos llevará a lo superficial del pozo por el que ya ibamos cayendo.

Una vez que se sale, volver a entrar es doloroso, por lo que te recomiendo que si quieres salir, no te desligues de lo que el sótano significa, sinó que exteriorices todo lo que este és; funciona bastante bien para ahuyentar personas miedosas y faltas de curiosidad sin necesidad de ser repelente o agresivo.

Se busca entonces, desprender al iniciado de un mundo excluyente, e incluirlo dentro de un lugar diferente donde es solo él enfrentandose a sus propias ideas, a método de alivio después de las guerras por las que ha pasado el ser para intentar encajar en una realidad, en las cuales se ha visto fracturado tanto a nivel físico como sentimental.

Fija la mirada, sin miedo a ser invadido, el sótano lo protege todo.

Back to stay

No sé con certeza cuánto tiempo había pasado ya desde la última vez que los habitantes de ese pueblecito nublado hablaban nuevamente del demonio a la madrugada; lógicamente, eran cosas descritas de maneras inciertas que se habían puesto a rodar de boca en boca, pero déjenme contarles la historia desde los ojos del monstruo.

Febrero 25

Desde que hemos regresado al norte, la pequeña niña no ha parado de toser, temo por mi vida al depender totalmente de ella y es que sin tener un medium, yo desaparecería totalmente y aún tengo unos cuantos asuntos pendientes. He reiniciado mis caminatas nocturnas, esta vez sin el camino de humo que solía dejar mi boca, en busca de algo que pudiese al menos mejorar su salud, mis ojos inyectados en sangre por la falta de sueño, escudriñaban cada rincón del pueblo en busca de algo útil. A causa de las tímidas miradas de la poca gente que aún quedaba por allí, podía deducir que no me veía en un muy buen estado; tampoco parecía que mi acitud irascible frente a algunas situaciones, les agradara.

Cada madrugada era el mismo proceso al llegar a casa, tumbarme en el sillón bañado en frío sudor y empuñando una bolsita con nuevos medicamentos.

Hoy la niña estaba bien, pidió que le encerráramos nuevamente en el sótano, su rostro se había despojado de cualquier vestigio de alegría; habíamos regresado al fondo del agujero, pero esta vez por voluntad propia, lo que me hace tristemente deducir que para quienes han crecido sufriendo es casi que imposible desligarse de tal condición, al punto de parecer totalmente alérgicos a la felicidad.

Mientras más espeso crecía el moho, más iba mejorando la salud de la pequeña, pero más alejada mantenía de mi, ya no jugueteaba con sus dedos en mi enmarañado cabello, ya no me preguntaba cosas acerca del mundo afuera, rara vez me pedía materiales para dibujar, ciñendose exclusivamente a papel blanco y pintura roja, con la particularidad de que siempre que se disponía a pintar, me ordenaba a gritos que me fuera.

El viejo demonio pasaba nuevamente las tardes sentado en su sillón, ya no hechando humo, sinó con la mirada fija en la mísma página de un libro.

-¿Qué vamos a hacer?

-Aventuras por nuestras propias manos, no podemos quedarnos aquí mientras se nos desgarra el pecho, la casa ha revivido, aunque no de la mejor manera, pero lo ha hecho, no podemos negar el hecho de que estemos de vuelta a donde pertenecemos, igualmente no es tu decisión.

-Ella ya no nos dá órdenes

-Lo sé, pero cuando no somos su criado, contamos con la libertad de hacer de nuestra existencia, algo no tan aburrido.

-No me puedes llamar aburrido, no puedes llamarte a ti mismo aburrido.

-Demuéstrame que no lo somos, sé que quiere ver qué está pintando y sabes bien que justo ahora está durmiendo, deberíamos bajar a echar solo un vistazo.

Y así fue, me he obligado a mi mismo a descender por las estrechas escaleras que llevan al mohoso sótano. Tuve cuidado de asomarme por la esquina y ví entonces a la niña mirándome fijamente como si supiera que vendría, y allí justo detrás de su cabecita, apiñados uno encima de otro, un montón de manchas rojas en forma de conejo.

 

 

 

A letter to Miss Red.

Estimadísima señorita.

Me veo en la obligación de escribirle esta carta con algo de pena y afán, ya que mis compañeros y yo nos hemos visto forzados a dejar su tan amable hospedaje tan pronto como recibimos noticias del norte.

No tengo palabras para disculparme ante tan atroz gesto: dejar su casa, así de la nada, sin siquiera tener el placer de contemplar su cálida mirada, ojalá no por última vez.

Debo confesarle, antes de partir y porque no sé si esta será la última vez que pueda hablar con usted, que el tacto de sus delicadas manos es lo que ha hecho que la niña pequeña haya mejorado notablemente su salud, usted le ha sabido tratar de una manera prácticamente mágica que aún no nos explicamos como funciona.

Mi ansiedad, estando a su alrededor ha disminuído de tal manera que mis colillas de cigarrillos ya no rebosan sus macetas de flores; mi semblante ha perdido misterio bajo su bondadoso brazo y es tal vez por esto, que las personas del pueblo me saludan normalmente sin miedo de que sea yo un demonio de los que recorren las pedregosas calles en la hora de las brujas.

La luz de los astros en la noche bañan con tanta majestuosidad su casa que no puedo distinguir el día de esta. Es la visión mas espléndida que he tenido en años y yo le puedo decir, que he visto cosas espléndidas.

La simplicidad de todo lo que usted posee es perfectamente comparable con la paz que los hombres buscan. Sin embargo, sabe usted que la niña pequeña ha tenido una recaída, y es preciso que la devolvamos a la neblina espesa del norte de estas tierras, usted, que después de darle albergue a estos forajidos, debe sentirse profundamente decepcionada; sin embargo, le dejo unas cuantas pertenencias como símbolo de que regresaremos.

Doblé el papel con cuidado, situándolo en la parte mas visible del escritorio, el solo hacer esto, me producía náuseas y un profundo dolor en en el medio del pecho.

Sacudí mi cabeza para despejarla de sentimentalismos, agarré las mochilas de viaje y salí por la escalerita de mármol que estaba en el jardín. Allí estaban mi sombra y la pequeña niña, listas para emprender el viaje de regreso. Cerré de un golpecito la pequeña puerta de nogal y juntas atravesamos los campos de rosas que los llevaban a la salida.

El camino parecía mucho mas largo de lo que lo recordaba, llevábamos aproximadamente cincuenta minutos de caminar entre un callejón de rosas multicolor hasta que nuestras narices se chocaron nuevamente con la puertecita de nogal.

Being Forgotten

De la vida prendí, hace muchos años ya, que eres parte de la misma en la medida en la que los demás piensen en ti y te recuerden; desde que escuché eso años atrás hasta el presente, siempre he intentado dejar manchas indelebles en cuanta persona se me cruza, ya sea por la impresión al verme o por las pocas palabras que cruzo con ellas, para así no irme desapareciendo, sin embargo, he pasado de ser una persona conocida por sus habilidades a ser una leyenda que solo rueda de boca en boca y de la cual, no hay mucho que decir, ni siquiera datos verificables.

Han dejado mas huella las robustas patas del animal que cabalgo que mis propios actos en lo que va de nuestra última aventura, me he precipitado como impulsado por un infernal instinto que me acerca mas a un trágico final.

Cuanto mas me acerco al infierno, mas puedo oler el olor a calcinado de mis huesos, sin embargo, mi falta de fé, no me deja alejarme hasta que no me cerciore por mi mismo que el fuego quema, pero nada arde mas que la fiereza de un hombre para aproximarse a las calamidades, tanto que pareciera que éstas son algo inherente al ser mismo.

Mi lucha por encontrar otros caminos solo me ha precipitado a cometer los errores de todos los que como yo, se han lanzado como locos a conseguir el “tesoro al final” envenenados por la codicia. Si, fuí codicioso, y aunque no hambriento de poder, si guiado por la estupidez; mientras más intentaba no ser uno mas, mas me convertía en uno del montón.

Está comenzando a llover, una neblina había envuelto mi paso por varios días ya, sin dejarme ver claramente el rumbo, así que he tomado cualquier camino que no comprometa mucho ni mi vida ni la de mi animal.

A unos treinta metros, diviso lo que parece ser una pequeña cabaña, doblo marcha hasta estar de pie en la entrada del lugar, que de particular no tiene nada, solo es una cabaña con una humeante chimenea.

Desmonto y golpeo la puerta tres veces a lo que ésta cede y me abro paso adentro del sitio.

Para mi sorpresa, este lugar se me hacía bastante conocido, y ¿cómo no conocer el lugar donde todo tu viaje había comenzado?

 

 

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