Sé bien que caminar en la noche a estas horas de la madrugada es algo peligroso, ya me lo habían advertido antes, sin embargo no podría suspender mis caminatas nocturnas, dejarme helar por el frío del invierno que se avecinaba, y ver a la ciudad casi que totalmente desnuda.
Creo que doblaré en esa esquina, compraré un paquete de cigarrillos y luego regresaré por el lado contrario por el que llegué hasta acá.
-Un paquete de cigarrillos por favor. acá tiene, gracias.
-Señorita, ¿puedo hablarle?
¿Qué querrá este viejo de mi? es nada mas que un extraño a las tres de la mañana, con una cierta edad, un semblante cansado, demacrado, pero no desagradable, no se me acerca mucho, proyecta su voy gutural a lo lejos. ¿Por qué me habla?
-No es mi intensión perturbarle, pero debo decirle que si fuma tanto, morirá joven.
Entonces noté que justo me estaba llevando un cigarrillo a la boca y ante tal afirmación, lo bajé como respondiendo a un llamado de atención.
Sonríe entonces el viejo.
-Me imagino que le gusta caminar por ahí ¿sabe usted que es peligroso?
-Claramente
-¿No le tiene miedo a la muerte?
-No, creo que no
-¿Y a que le dañen?
-No, creo que tampoco
-No me diga usted mentiras, aunque ¿quién soy yo para pedirle la verdad? pero de verdad, ¿tiene miedo a que le dañen?
Me detengo a pensar
-si, supongo que si
- ha salido usted hoy, le voy a decir, usted Sale, bebe, dice mil cosas, lo arruina, llora, se arrepiente, se desmiente y repite ese proceso una y otra vez, una y otra vez.
Por más que lo intenté, no pude evitar el no verme atónita por dicha afirmación.
-¿Por qué me dice usted todo esto? ¿saca conclusiones según el común de la gente? ¿Me ha visto alguna vez antes?
-veo que no me reconoce, pero está bien, yo solo quiero que no se mienta mas Ao, sé que no está cayendo, sé lo que le ha pasado por estos alrededores, tome- estirando su puño apretado hacia mí, a lo que yo abro mi mano y recibo cuatro caramelos envueltos en papelitos blancos.
-Cóma uno de esos, y prométase que nunca se le va a olvidar de donde viene, porque a cada decisión que tome, su ruta cambiará. ¿A qué vino usted? acuérdese por favor.
Le doy la espalda y camino a paso rápido, desenvuelvo uno de los caramelos y al ponerlo en mi boca de pronto pienso.
-Así me veía yo antes… él era K
Me regreso casi corriendo, pregunto al tipo de la tienda hacia donde se había ido el anciano,a lo que el, asustado contesta.
-Aquí no ha venido nadie mas que usted.
Pues no entiendo mucho, pero lo que escribes hace que imagine cosas valiosas
Me encanta… :*