LA CIENCIA MÉDICA VERSUS CREENCIA EN DIOS: LA CONSERVACIÓN DEL MITO -JORGE EDUARDO DUQUE PARRA, PH.D*

Resumen

Objetivo: Plantear una serie de reflexiones sobre la enseñanza de la Medicina con base en la ciencia médica versus la enseñanza con base en el dogma por creencia de un dios. Discusión: Se argumenta la adquisición de apoyos sólidos y reales tomados de la demostración que se logra con la ciencia médica, para que los diversos profesionales de la salud y sus pacientes crean en sus logros, acercándolos más a los beneficios que brinda la aplicación de la ciencia en el campo médico, desligándose de la aceptación del dogma religioso que evita la reflexión y el análisis inteligente sobre los eventos que relacionan los procesos de salud y enfermedad. Conclusión: Aunque se ha avanzado mucho en el campo médico, especialmente desde su aplicación científica, para tratar de mejorar la salud del paciente, aún se conserva la mítica creencia de una deidad que rige el mundo y que a su vez desliga al médico de dicho logro.

Palabras clave: medicina, religión, fe, salud, enfermedad.

Introducción

“Fundamentales confusiones se mantienen sorprendentemente estables durante los siglos”.

Baruch Spinosa

Los seres humanos primitivos no pudieron explicar el origen de la enfermedad con los precarios medios que poseían1, y se enfren- taron a la naturaleza ignorantes y obedientes, tomando y acatando lo que ella les ofrecía y exigía. Por ello, no conocieron ni requirieron de una fuerza sobrenatural, pues con las explicaciones naturales les bastaba como causa y fuente de todo el acontecer natural2, incluido el devenir del proceso salud y enfermedad. Pero desde tiempos remotos, y quizá por la necesidad y el afán del hombre de encontrarle explicación a los fenómenos naturales que no comprendía, se inventaron deidades a las que le atribuyeron poderes sobrenaturales y a las cuales sólo se podía acceder con la  intermediación exclusiva de los sacerdotes, de tal manera que estos se creían los portadores de una verdad que era transmita solamente a ellos. Así, el mito fue inundando la mente de las comunidades generación tras generación, y la medicina no se escapó de este proceso; por ejemplo, a Hefestos, mejor conocido como el dios griego de la metalurgia, el fuego y las bellas artes, se le han atribuido varios mitos, donde uno de ellos lo señala como el primero en haber realizado una craneotomía para eliminar una masa cada vez mayor dentro de la cabeza de Zeus, aliviándolo así de un dolor de cabeza insoportable3.

Ofrendas votivas a los dioses curativos era una costumbre religiosa común para los creyentes enfermos, con el fin de lograr la cura esperada. Se cree que esta costumbre se inició en la época prehistórica de Creta, en la antigua Grecia, y que continuó durante el período clásico conectada principalmente con la deidad Asclepio4; dichas ofrendas eran depositadas en los templos como agradecimiento por el beneficio curativo, costumbre que fue asimilada por los cristianos ortodoxos y sigue siendo una práctica común en nuestros días. Posteriormente, con el surgimiento de la medicina religiosa cristiana, donde el rezo, la unción de aceite sagrado y la curación por el toque de la mano eran los principales recursos terapéuticos, se continuó en esta línea temporal tratando a los enfermos con una mezcla de ritos religiosos y una incipiente medicina tradicional; además, era evidente la despreocupación por los problemas médicos y, consecuentemente, una escasa investigación de las causas de las enfermedades, porque se aceptaba que el origen de éstas era por la voluntad de dios. Incluso, en el siglo II, algunos médicos cristianos fueron acusados por sus propios compañeros de venerar a Galeno en lugar de elevar plegarias para obtener la cura- ción de sus enfermos5. Todo esto fomentó la adivinación, a menudo considerada como una ayuda para el diagnóstico6, y la adopción en la medicina pre-técnica de actitudes mágicas, donde la enfermedad se interpretaba como el resultado de un hechizo nocivo o de la posesión de espíritus malignos con pérdida del alma7. Quizá por esto la inmensa mayoría de los seres humanos se han sentido encadenados a algu- na ideología de carácter divino2, cuya génesis en la historia de los hechos de nuestro pasado, incluyendo los asociados con la medicina, nos remite al mito de que el ser humano desciende de los dioses8, a su vez originados del miedo, según Petronio2.

Así pues, la medicina se inició bajo el dominio de la religión y el mito9, aspecto coincidente con aquella teoría de que lo más simple que concuerda con cualquier experiencia que se haya dado es la de que todo pasa como pasa, porque las divinidades así lo quieren10, para bien o para mal del paciente. Este sentimiento religioso es tan arraigado que se han dado casos de reportes de crisis epilépticas asocia- das a sentimientos de experiencia religiosa11; además, atribuyen la aparición de la epilepsia a la voluntad de dios12, aspecto que puede ge- nerar desafíos para los médicos que enfrentan el uso de la religión y la espiritualidad como un recurso para fomentar la esperanza13, pero no necesariamente para curarse. Con la viruela ha sucedido algo semejante, pues en Dahomey, actual República de Benín, interpretan la enfermedad como un castigo de los dioses, en especial del dios Sakpata (dios de la viruela), y sacerdotes del culto tradicional desempeñan su papel principal en hacer diagnósticos y prescribir medicamentos, la mayoría de ellos a base de plantas medicinales14, desconociendo que la viruela es provocada por un virus.

Discusión

Cuando el ser humano aún era capaz de mantener una fe inquebrantable, el conocimien- to de ese entonces no habría podio tachar de falsos los dogmas inventados cuando el ser humano divinizó la naturaleza2. Si las cosas fueran como en la antigüedad, no sería necesario el diálogo entre el paciente y el médico, ni las pruebas de laboratorio clínico, ni las imágenes diagnósticas, ni la educación médica, ni de un análisis sobre la etiología de la enfermedad, pues las razones que explicarían los eventos médicos que dan lugar al estado de salud o enfermedad vendrían prefabricadas por una deidad (que sería la única que sabría cuándo enfermaría el paciente y cuándo moriría); es decir, habría un determinismo divino patológico. De ahí que en los inicios de la Medicina debió haber primado una aceptación ciega del dogma, sin lugar a cuestionamientos, pues el conocimiento de los médicos primitivos era muy bien valorado por ser producto de una tradición oral que procedía de sus ancestros por generaciones. Así, el hombre prehistórico creía que los cambios en el estado de salud a enfermedad estaban cargados de una inten- cionalidad divina que afectaba su existencia individual y colectiva.

Las explicaciones que los médicos primitivos daban a estos procesos de salud y enfermedad era que todo lo que les rodeaba estaba dotado de mecanismos vitales, los cuales se regían y actuaban a través de espíritus sobrehumanos animados15, los que en cualquier momento podían descompensarse y producir enferme- dades. Parte de esto se refleja actualmente en la práctica médica, pues si el paciente se alivia por el procedimiento o intervención del médico entonces se lo atribuyen a la gracia de dios; pero si dicho procedimiento es infortunado y el paciente empeora o muere, entonces la culpa se debe al inapropiado proceder del médico.

Casos extremos, como el de padres que prohíben el tratamiento médico de un hijo porque esperan y confían en la curación por fe, nos lleva a cuestionar aspectos fundamentales sobre la libertad religiosa en una sociedad democrática, pues no se puede imponer el martirio a niños a expensas de las convicciones religiosas de sus padres. Las comunidades religiosas, que se dedican a la curación por la fe, plantean diversas formas de justificación religiosa y no religiosa para este tipo de curación, como aspectos metafísicos de la práctica médica desde la perspectiva de las comunidades de fe de curación16. Aunque el avance tecnológico-médico por el que se atraviesa permite ayudar a resolver muchos problemas de salud, incluso sin necesidad de creencias asociadas con la espiritualidad, que aunque constituyen parámetros importantes de la experiencia humana, merecen una mayor consideración en el tratamiento en problemas de salud17, lo que da la idea de que el enfermo no confía en las capacidades y habilidades de los médicos en la búsqueda de una mejora en su salud.

Pareciese que nos centramos en los procesos de pensamiento que los capellanes, trabajadores sociales y otros profesionales pueden utilizar en sus intervenciones para abordar las cuestiones de la teodicea para los pacientes, es decir la vindicación de la bondad y la justicia de un dios en la faz de la existencia del mal, desde la perspectiva religiosa. Estas cuestiones teológicas pueden causar ansiedad y angustia en los creyentes, pero también puede ser poten- cialmente una fuente de alivio y liberación, pues aquellos pacientes con tratamientos paliativos, y que además tienen una cosmovisión religiosa, a menudo luchan con el hecho de que su dios se preocupa por ellos o, por el contrario, les ha enviado aquel dolor18. ¿Cómo responden a estas preguntas los trabajadores sociales y otros profesionales clínicos? ¿Tendrá gran impacto en cómo los pacientes expresan y utilizan sus creencias religiosas para hacer frente a sus situaciones? Para los pacientes que sostienen perspectivas religiosas/espirituales, la discusión de la teodicea puede facilitar una relación más estrecha entre los pacientes y sus cuidadores, lo que lleva a una atención más compasiva y empática18. Pero la Medicina ha avanzado considerablemente, y aunque poseía una fachada de profesión sabia, era una ocupación profundamente ignorante en la vida real. Ahora hay convicción de que el método de la ciencia funciona, que la medicina se ha vuelto verdaderamente científica, que una vez conocidos los mecanismos de la enfermedad puede lograrse un progreso real en la búsqueda de tratamientos19 que ayudan efectivamente en la salud del paciente, aunque todavía muchos supongan que se debe a la voluntad de una divinidad.

Las personas suelen olvidar que el ser humano descubrió la terapéutica preventiva con el uso de las vacunas, los antibióticos y los medicamentos en general; que las unidades de cuidados intensivos tienen a su disposición herramientas tecnológicas que permiten al médico luchar más efectivamente, aunque no de manera absoluta, contra la enfermedad. Lo anterior denota un problema de educación que lleva a una situación contradictoria, pues es inadmisible que muchas personas que se sirven de los recursos del conocimiento moderno, sigan confiando en la voluntad de un dios u otras deidades en su problema de salud-enfermedad. Extrañamente, los seres humanos fantasean para no tener que en- frentarse a lo real, con negligencia dolosa del mundo que existe, rechazando el evento de la muerte20, lo que obliga necesariamente al desconocimiento de los procesos celulares de apoptosis y necrosis como antítesis de la fisiología y fisiopatología celular y molecular, bases de la Medicina actual.

La mayor parte de las creencias religiosas que están asociadas con un dios, o dioses, se originaron21 de creencias humanas que han prometido toda clase de paraísos y realizaciones, las cuales sólo verificarán y gozarán después de la muerte8 por la creencia en un más allá, creencia muy común y vinculada a la salud mental/enfermedad22. Entonces, ¿para qué la labor del mé- dico y de los demás profesionales de la salud? Esta contraposición con la medicina presupone la existencia de leyes que permiten la generación de la salud, pero en otro mundo, del cual nadie ha regresado. Implícitamente se esculpe una pulsión de muerte a lo médico-biológico. Se trata de otro universo que desconocemos, no del concreto mundo material terrestre. Con esto se da a entender que la conciencia social inventó a dios23 como antítesis de la vida24, y por ende de la Medicina y la Biología.

Cuando se invoca a un Dios, con mayúscula, en la cultura monoteísta, o a dios o dioses, con minúscula, en otras culturas, hace referencia a dioses de mayor y menor calidad o poder, dependiendo de qué cultura proceda ese punto de vista; pero cada cual considera su deidad como la de más poder y como el sumo cuidador de la salud. Es así, por ejemplo, que la mayoría de clínicas y hospitales de occidente presentan una capilla cristiana donde los creyentes suponen que se encuentra aquel ser que escruta y vigila el estado de salud de los pacientes, desconociendo la labor efectiva que el médico realiza en pro de la salud, de tal manera que para muchas personas tiene más valor la imagen o idea de una deidad que la presencia de un mortal discípulo de Hipócrates. Sin embargo, con el desarrollo científico de las ciencias médicas, la expectativa de vida en el mundo occidental se amplió de unos 65 años en la década de 1940, a más de 75 años hacia finales del siglo XX, debido en gran parte a las mejoras higiénico-sanitarias que involucran mejor nutrición, mejora en la vivienda, mejora en la higiene, mejora en la educación y en las campañas de vacunación9.

En el proceso de exploración de la salud, debemos recordar que estamos atados a la naturaleza biológica que nos ha dejado cierta ilusión de libertad, especialmente con base en la comprobación de nuestra motricidad, pues el mundo biológico es en realidad una especie de prisión para el ser humano debido a los determinantes valores homeostáticos y alostáticos no letales25. Ineludiblemente, el ser humano está sujeto a las fuerzas naturales2, por ello nos movemos dentro de unos límites fijos que lla- mamos leyes de la naturaleza26. Estas leyes no deben confundirse con aquellas otras creadas por los seres humanos. Las leyes naturales que nos rigen están sujetas a explicación científica, pero las palabras pueden transmitir muchos significados, algunos alegóricos o metafóricos27 que suelen utilizar quienes creen por fe, entre los que se incluyen muchos médicos que las aplican incluso en la consulta diaria y corriente.

Con la certeza médica, a pesar de sus limitaciones actuales, posiblemente a largo plazo el hombre se libere de las supersticiones sobre la salud que nuestros antecesores21 han pregonado, como las creencias por fe religiosa, al comprender mejor los fundamentos científicos involucrados en los mecanismos de salud-enfermedad, lo cual redundará en beneficio de los seres humanos. El objetivo del conocimiento científico de carácter cívico es capacitar a los ciudadanos para que sean más conscientes de la incidencia de la ciencia y la tecnología en los aspectos más comunes de la vida9.

Hemos comenzado a beneficiarnos de la ingeniería genética; sin embargo, no se oculta la posibilidad de un eventual uso perverso de tales conocimientos en contra de la humanidad, pero no por culpa de dioses vengativos, sino por los mismos humanos. ¿No nos asaltan ya en el mundo las propagandas extremas de pragmatismo económico, político y religioso en burdas alusiones a nuestros instintos más animales?28. También nos beneficiamos de la magneto-cardiografía, del uso de los isótopos emisores como base para las tomografías por emisión de positrones (PET), de la tomografía por coherencia óptica (OCT) y de la cirugía lá- ser9, de la resonancia magnética nuclear, de la ecografía y de los rayos X, entre muchas otras técnicas para comprender la relación salud y enfermedad de manera más contundente.

Los resultados obtenidos por las creencias religiosas, que se fundamentan en la fe sin demostración, para explicar los eventos médicos asociados con el estado de salud y enfermedad, han sido tan pobres que no hay mucho motivo para creer que las religiones convencionales -ligadas al concepto de la existencia de un dios- lo consigan en el futuro26. Mientras que la ciencia médica sí ha aportado beneficios en el tratamiento de diversas enfermedades, en procedimientos quirúrgicos, en terapéutica farmacológica y en el diagnóstico certero. La Medicina se fundamenta en el método científico, en la experimentación y en la demostración, en el ansia permanente de someter a prueba los viejos dogmas, como los postulados por Galeno en el siglo II y que perduraron por más de mil años, hasta que fueron refutados demostrativamente por otros, como Andreas Vesalio en el siglo XVI 28,29. En muchas ocasiones la Medicina exige coraje para poner en entredicho la sabiduría convencional, criticando el mundo con mentalidad abierta y con un buen sentido común. Estos son los mejores caminos que el ser humano conoce para llegar a comprender el complejo proceso de salud-enfermedad.

Con base en lo planteado atrás, es muy tentador querer educar a los futuros médicos con dichas guías30, pues no se requeriría esfuerzo mayor de sus cerebros y el de sus profesores, ya que el razonamiento por fe en deidades sólo implicaría repetir y aceptar a ciegas el dogma. Se correría el peligro de convertir la práctica médica en una aplicación de una “receta” 30. La fijación mental que da el legado de creer por fe se resalta desde tiempo atrás, como cuando Pierre Simón, el Marqués de Laplace, profundamente cuestionado, propuso explicar el origen del sistema solar mediante leyes físicas y la necesidad de un dios para los orígenes de las cosas. Se dice que Laplace presentó a Napoleón una edición de su trabajo matemático, Traite de mecanique celeste, a bordo del barco que iba a llevarle a Egipto en su famosa expedición de 1798 a 1799. Unos días más tarde, Napoleón se quejó a Laplace de que en el texto no apareciese ninguna referencia a dios, y la respuesta de Laplace fue: “señor, no necesito esa hipótesis” 23. Efectivamente, las leyes naturales son totalmente suficientes para explicar el acontecer natural, y la naturaleza no tiene preferencias para nada ni para nadie y tampoco otorga privilegios ni conoce de simpatías o aversiones, y nadie ha podido comprobar científicamente la existencia de dios ni la necesidad de su influencia, mientras que la casualidad de los acontecimientos naturales se puede verificar a diario2. J P Sartre indicó que la hipótesis- dios no es requerida de ningún modo para la comprensión de la existencia humana, tanto individual como colectiva31, pues donde la ciencia no llegó, la imaginación de la humanidad inventó seres fantásticos -míticos-: dios o dioses, ya que ningún problema puede resistir el asalto de la ciencia si se dispone de una teoría correcta y técnicas capaces32. Por ello, la humanidad tiene que aprender a vivir sin dioses para no morir bajo su dominio2.

Conclusión

Si se quiere lograr un cambio en la conducta de las personas, asociada con la creencia por fe y sobre la existencia de un dios o entidades superiores que rigen el proceso de salud y enfermedad, habrá que intentar desbaratar aquello abstracto e intangible donde se apoyan mentalmente estas creencias, mediante una educación fundamentada en el razonamiento lógico o de sentido común. Hay que enseñarles a creer en el ser humano y en todos sus logros obtenidos a lo largo de la historia, para que cada situación nueva que se le presente toque su ambigüedad y lo presione íntimamente a aceptar la realidad.

Parafraseando a Bacon, nos gusta creer con más énfasis lo que creemos que quisiera que fuera; por lo tanto, aún estamos lejos de generar una visión de la Medicina basada en la evidencia y lograda con las herramientas que nos provee la ciencia. La creencia sobre un estado de salud y enfermedad basado en el mito religioso, es un caldo de cultivo para que sigan prosperando medicinas alternativas inadecuadas que no dan soluciones tangibles. Aún nos encontramos en un lento tránsito de la visión mágica mitológica de la Medicina, here- dada de nuestros antepasados y sus antiguas culturas, y que desde niños nos han impuesto por repetición de ritos y creencias en deidades, las cuales se nutren sin una educación basada en una enseñanza con demostración, pues la demostración por experimentación es un ejer- cicio teórico-práctico inteligente que permite observar, inferir y deducir desde lo real y hace más objetivo y eficaz el aprendizaje33.

Conflictos de interés: Ninguno.

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Equivalent Exchange

Por años he despreciado cosas con las que he tenido que vivir, esta casa sin luz, el silencio ensordecedor, el jardín que jamás florece, las voces de los otros en mi cabeza, pero sobre todas esas cosas, está mi semblante demacrado y mis ojos vacios que me mirabn desde el reflejo del espejo situado al frente del sofá donde suelo tumbarme cada vez que regreso a casa, ese lugar al que hace algún tiempo no quería regresar.

Todos los mercaderes tienen una increíble facultad para convencerte de que lo que venden es exactamente lo que necesitas. 

En una de esas tardes soleadas, mientras caminaba por los mercados, se acercó a mi un hombre el cual en principio me causó desconfianza, pero sus ojos me resultaban tan familiares, que detuve mi vanidoso desfile para escuchar lo que tenía para ofrecerme.

-mi señor, temo que no podremos hablar aquí- susurró- lo que usted va a ver, no podría yo mostrarlo donde todos estos ojos nos ven, por favor- agregó halandome de una manga con delicadeza- acompáñeme, no le quitaré mucho tiempo.

Caminamos unos cincuenta metros hacia la periferia del mercado, hasta llegar a un callejón con una única puerta, entramos entonces y nos encontramos con una pequeña cantina casi desierta; seleccionando la mesa más alejada de la entrada, me invitó a sentarme; me preguntó si quería algo de tomar, pero yo negué con la cabeza, luego esculcó los amplios bolsillos de su túnica sin ningún afán y de uno de ellos sacó una llave la cual, extendiendo su brazo, acercó a mi.

-mi señor- dijo nervioso al notar mi cara de descontento- esta no es una llave normal, es la llave que ha estado buscando por mucho tiempo 

-Me temo que se equivoca usted de persona- repuse algo enojado y preparándome para salir de aquél sitio

-Mírela bien mi señor, ¿no la recuerda acaso? -añadió con desespero- usted es el señor K, y aunque su apariencia ha cambiado notablemente, sus ojos no logran engañarme, mire la llave ¿ya lo olvidó? Tal vez su mente la dejó de lado cuando comenzó a caminar de día y a hablar con las personas del pueblo, recuerdo que en los alrededores se decía que la necesitaba para sacar a un príncipe de un sótano…

Le hice un gesto con la mano para que se callara y detallando muy bien el objeto, lo apreté en la mano y le pregunté “¿cuánto?”

-una moneda de oro- contestó con firmeza.

La moneda dorada era lo único que había tenido por meses, la cual me había sacado de multiples aprietos, pero también me había alejado de mi propósito inicial, el cual era proteger al príncipe sin importar qué. Un sentimiento de dolor me recorría todo el pecho, había relacionado mi bienestar con el apego a esa moneda, la hacía brincar en mi bolsillo con una mano, mientras con la otra acariciaba la llave que aquél hombre me había ofrecido y sin pensarlo mucho, puse la moneda sobre la mesa y salí corriendo con la llave encarcelada en una mano.

No ha sido fácil asimilarlo, supongo que una parte de mi lo sabía a la hora de hacer el negocio y no me arrepiento ni un momento de lo que hice entonces: había cambiado esa moneda dorada por la llave de mi propia casa.

Fever

¡No, no puedo estar aquí de nuevo!, hace nada más que unos minutos todo estaba normal, es decir, estaba bien ¿estoy mal? ¿tanto me molesta este lugar?, si, claro que me molesta, ¿por qué volví? ¿por qué volvimos?

Todo está intacto cual si fuera una pintura: el espejo al frente del viejo sillón una pequeña biblioteca al lado de la ventana, el mismo perchero en el que aún estaba colgado el gabán verde de las caminatas nocturnas.

¿Por qué estoy acá de nuevo? Me tumbo en el sofá envuelto en el hedor con el que te bañan muchos cigarrillos después de consumirlos compulsivamente y me detengo en mi imagen en el espejo rectangular.

-¿Esto soy yo? ¿de verdad no he cambiado en nada?

Mi cara sigue desfigurada, ahí está el monstruo de nuevo, las cuencas en las que se esconden mis ojos apagados, la tez pálida, las manos huesudas y temblorosas, la misma posición nerviosa y encogida, la maraña e pelo azul pálido que esconde la triste expresión de mis cejas.

Camino de un lado a otro en diagonal pensando -¿qué pasó?, ¿qué me pasó? ¡No, alto!, me regreso corriendo al espejo para verificar lo que había visto por más de media hora.

-Aquí estoy, ¿por qué no ha cambiado nada? ¿qué hago acá?… ¡hey tu! -apunto con el dedo a mi reflejo- no quiero que estés ahí, se supone que esto no iba más, sal de acá, sácame de aquí… voy a bajar y voy a tumbarlo todo, la casa desde sus cimientos,¡No me mires así! ¡juro que tiraré todo abajo! ¿es lo que quiero? si, es lo que quiero . No me mires así ¡joder! Si, ahora voy a llorar, si ahora estoy gritando ¿no se supone que ya no levantaba la voz? ¡Maldita sea! ¿Cuándo pasó esto?, deja de mordisquearte los dedos,vale shhh, está bien, me voy a calmar… ¡mierda, rompí el espejo!

Ahora mis manos están llenas de sangre y estoy yo frente al espejo, unos ojos vívidos me miran entre los pedazos de cristal y unos labios rosa me sonríen al tiempo que con una mano me señala el bolsillo del gabán negro que llevo puesto, en vez del verde.

Una luz dorado acaba de salir de mi bolsillo, ahí está la moneda; la aprieto en mi mano al tiempo que me tumbo en el sofá de nuevo.

No me explico por qué la luz de esa moneda a veces pareciera apagarse, pero hay algo de lo que estoy seguro, mientras la tenga conmigo, jamás volveré a este lugar.

Listening to: Formidable- Stromae

Witche’s house walkthrough.

Hace muchos días que no sé nada de la casa; pensándolo bien, de lo que más te cansas es de estar cansado, y recordé que la casa en sí significaba estar harto todo el tiempo por eso había decidido huir.

Misteriosamente no había neblina, era una noche muy despejada como para que el frío despiadado se filtrara por cada una de las rendijas de la casa, yo arrojado en mi sofá, sólo podía pensar en qué tan harto estaba de todo esto, cualquier cosa que hacía parecía haber perdido todo sentido, parecía que yo mismo me había perdido en esa casa y viviera sólo en función de ella.
Siempre las mismas puertas, la misma escalera, la misma salita de estar llena de polvo, las mismas paredes que parecían estrecharse con el tiempo, ¿Cuándo todo esto se iba a convertir nada más que en un vago recuerdo? ¿Si yo me fuese, llegaría alguien más a limpiar la casa? si la casa se cae ¿me sentiré culpable?

Me paré de un brinco y caminé de la sala al sótano donde estaba la habitación del príncipe; una celda helada y vacía tapizada de dibujos borrados por la humedad; nunca me había detenido a ver los papeles ni lo que el chico dibujaba, tal vez por miedo a encontrarme con lo que estaba a punto de ver.
Toda la habitación era un diagrama de la casa desde sus diferentes vistas, los cuales tenían en la parte inferior, pintado con rojo una línea que se continuaba en el siguiente papel, y todos convergían en un punto pequeño junto a una de las esquinas de la habitación donde se levantaban los papeles.

Los levanté un poco más con cuidado y descubrí una puerta más. Era tonto, el príncipe salía siempre sin ser visto, creo que desde el principio supe indirectamente de la existencia de esa puerta. halé con los dedos el trozo de madera y esta se abrió.
No estaba en los jardines de la entrada, había salido a un lugar totalmente diferente, una colina verde pálido bastante llena de luz como para mi gusto.

Ya no hay dolor, ya no hay cansancio, hay sólo un agradable calor que está ahí conmigo desde que abro los ojos hasta que los vuelvo a cerrar.
Saliendo de la casa entendí que cualquier cosa que te amarre viciosamente a ella, no es digna de llamarse casa.
Casa es esa colina luminosa y molesta que te junta por partes cuando sientes que te quiebras, lo que te hace salir del lugar en el que te escondes, lo que te obliga a no caminar solo las calles en las noches nubladas.

The homeless dog

“Es como un perro, uno muy enfermo”- agregó una señora en el mercado, entonces me senté a una distancia prudente y le escuché- ” Ya saben como son, se acercan a ti con su cara lastimera buscando cruzar miradas para contagiarte de su desgracia, siguen meneando sus colas y dando brincos para llamar tu atención; acto seguido y llenos de compasión, ponemos algo de comida en la boca del animal, cuidamos de el y le dejamos en el camino pensando que hemos hecho algo bueno, pero éste en agradecimiento te acompaña a donde quieras, está ahí  a tus pies lamiéndolos y ejecutando sus piruetas para entretenerte; pero ¡ay! no te fíes de tan empalagosos animales porque como rápidos para mostrarte su falsa lealtad está a su vez en busca de una persona que le muestre un bocado más suculento; entonces se vuelve contra ti lleno del aliento que ya le has dado, con su boca llena de espuma y amenazándote con sus filosos dientes, intentando morder tus talones para hacerte caer, mientras que orgulloso mantiene su rabo a los pies del nuevo dueño. Esas son las bestias que eventualmente terminan despedazándose entre ellas mismas.”

No hay viento más helado que el que sopla por entre las ventanas en esas noches en las que tienes un mal presentimiento. Coloco mis compras sobre la mesita y dejándome caer sobre el sofá pienso en que últimamente todos en el pueblo se andan comportando como el perro del que hablaba la señora en el mercado.

The golden stone

La tos causada por horas de frío a la intemperie me hace recordar unos cuantos cuentos de esos que me contaban los viajeros cuando íbamos a las montañas.

Saltaba de a dos los empedrados de las calles mientras mirando el piso intentaba recordar pasajes de muchas de aquellas historias, hasta que en una esquina, llamó mi atención un reflejo pequeño, me dirigí hacia el y agachándome, tomé entre mis dedos, una moneda dorada de unos cuantos centavos, y entonces, ese cuentecillo acerca de un adinerado mercader muy conocido en el sur de las islas del pacífico vino a mi memoria.

Era este un hombre tan pobre que una palabra no bastaría para describir cuanta falta de todo tenía. Comía un vez al día nada más que arroz blanco y un vaso de agua, y se rumoraba que por más que intentase cambiar el menú, sus manos convertían todos los alimentos en sólo arroz y agua; el sol no le cobijaba, siempre que salía, una nube densa de polvo le cubría de pies a cabeza, lejos se iba cada persona que alguna vez se le hubiese acercado y cuanta cosa viva que estuviese cerca, conservaba una considerable distancia al percibirle.

No era este un hombre que hubiese nacido bajo una mala estrella, ni mucho menos maldito por algún detestable ser; él mismo había fortalecido su energía con tanto odio que le era repulsivo a cuanto individuo le veía.

Un día, en una de sus caminatas nocturnas, el hombre vio una luz dorada brillar entre unos arbustos, tentado por la curiosidad quiso acercarse, pero lo hizo a una distancia prudente; dándose cuenta que desde allí no podía ver nada, quiso acercarse más, pero recordó lo que sucedía siempre que se acercaba demasiado, así que se mantuvo en ese sitio por un buen tiempo, mientras bebía licor de su cantimplora para mantener el calor en el cuerpo. De repente, la cosa dorada se sacudió y vino hacia él a toda velocidad golpeándole la rodilla derecha.

Aterrado por tal imprudencia, intentó ser lo más hostil que pudo, pero la lucecita dorada solo se quedaba frente a el sacudiéndose de un lado a otro. Se puso en pie y siguió su camino, un tanto molesto ya que en todo el trayecto, el recuerdo de la luz dorada no lo había dejado conservar la calma; entonces dio media vuelta y regresó al lugar donde la había visto por primera vez.

Allí estaba, igual de vistosa como el primer momento. Se acercó entonces y ella le dijo:

-Te conozco hombre, alguna vez te he visto, y si tan perdido como yo estás ¿por qué no vamos por el mismo camino?

-No tengo nada que ofrecer, hasta mi propia presencia ya repugna lo suficiente, el éxito se me escurre de las manos y no sé cómo alimentarte.

-Entonces podremos ayudarnos- y se posó en una de las manos del hombre convirtiéndose en una gruesa moneda de oro- lo único que necesito es de alguien que soporte mi presencia y me sepa dar una buena utilidad. Si tanto estás cansado del fracaso, creo que haremos un buen equipo; tu y yo, estamos buscando aparentemente lo mismo.

Algo golpeó mi rodilla derecha en ese momento, tal y como pasaba en el cuento mientras lo recordaba; y justo frente a mis ojos allí estaba, mi moneda dorada.

El sueño ha llegado a mi como una maldición de la cual no me puedo deshacer. Creo que en un punto, mi cuerpo no quiso funcionar más a mi ritmo y ahora se toma largos descansos sin mi autorización.

He sabido cerrar mis ojos y caer en una blanca profundidad en la que no sucede nada, ya no hay pesadillas que me atormenten, pero tampoco esa paz me da ningún tipo de descanso.

Mi pelo azul ha sido ennegrecido y bañado con el artificial brillo de la vitalidad, ahora está más abajo de los hombros, por lo que se mece de un lado al otro cuando camino cosa que me molesta de sobremanera; mi semblante pareciera causar más simpatía que nunca, extraño contraste al horror que antes producía; y mis ojos parecían estar recubiertos de unos cristales llenos de chispas que hacían sonreír a quienes los miraran directamente.

Cada noche llego a casa después de una agradable rutina que yo misma diseñé, me arrojo en el sillón de la sala al frente del espejo y me observo durante largos periodos de tiempo. Verme tan saludable me hace parecer un poco más joven, lo cual es una buena treta para intentar ocultar lo inevitable.

¿Desde cuando pasé de ser una rata escondida entre las sombras  esperando paciente por su presa, a ser el predador favorito de todos? la gente me busca para que les hiera marcándose voluntariamente con heridas que jamás van a poder borrar, lo que no saben es que con ello se van llevando algo de mi, van despedazando la miseria a la que estaba tan aferrado.

-¿Qué entienden ellos del dolor?- me pregunto caminando en línea recta del espejo a la puerta- ¿Qué saben ellos de lo que significa estar sepultado sin ningún atisbo de escapatoria? Yo soy eso, siempre lo he sido y no voy a dejar que esto me desespere, por normal que parezca todo está mal; la alegría y las migajas de felicidad son tal vez el sentimiento más horrible que jamás haya experimentado.

The ghost of me

12/07

Viaje muchas horas para pararme en esa estación de tren sólo para ver si llegaba. Estaba muriendo de frío, pero no podía apartar mi mirada de la puerta de desembarque. No recuerdo cuántas horas pasé allí con los ojos fijos, sintiendo como las personas que pasaban a mi lado me observaban con extrañeza y lástima; me estaba congelando esperando a la nada.

Cerca de las diez de la noche y a punto de rendirme ante la llegada del penúltimo tren, ví sus ojos oscuros y redondos escudriñando por entre la multitud, de su cabeza salía un particular y tonto sombrerito que giraba en ángulos de noventa grados mientras seguía mirando rápidamente hasta que se detuvo en mi, y una expresión de alivio se dibujó en su rostro.

Creo que desde ese momento, supe que iba a ser problemático, me le acerqué temblando, con paso torpe y lento y entonces, hablándome muy suave, me canturreó al oído un plan para que saliésemos de allí sin ser vistos.

Caminamos un tramo luego de encontrarnos, me ofreció uno de los cohibas que había comprado para impresionar y fumamos mientras mirábamos hacia el piso y conversábamos de nada en concreto.

Subimos entonces a un coche y ya allí compuso graciosamente mi desarreglada bufanda con sus delgados dedos, contándome al hacer esto, que cuando alguien arregla tu corbata, tu bufanda o apunta tu collar, de cierta manera te está amarrando.

Fueron ocho horas de hablar de todo un poco y ocho horas después, estaba en la estación de tren donde le ví llegar, pero esta vez, viéndole partir.

-Voy a mirar su espalda hasta que ya no le vea, por favor, que se gire y me mire antes de irse ¡que se gire!

Me decía, hasta que su espalda se desvaneció y yo sólo pude sofocarme en llanto y frío.

Voy en un tren camino a casa; desde el principio supe que iba a ser problemático, y aunque no llevo nada en mi maleta, ni siquiera entre mis manos, al menos deje llevarme conmigo para siempre, esa noche de un siete de Diciembre.

The Hermit Crab

Otra vez el techo ¡Genial! he pasado horas in dormir y ahora, sólo puedo ver claramente el techo, una lámina blanca de material que no me dice nada.

Lo único que pienso acerca del día es que está bastante soleado y que yo odio el sol, así que sigo caminando pretendiendo saber las instrucciones que se me dieron acerca del camino, sin embargo, en un momento, me hallé perdido entre unos árboles bajos pero densos. 

¡Camina en línea recta!- pensaba, sin saber concretamente hacia dónde dirigirme.

Treinta minutos después, estaba en una playa, desierta de cualquier tipo de vida similar a la mía; éramos sólo yo y ella. Es un tramo, no más de un kilómetro. Su arena gruesa hiere mis pies pero sigo pensando: moriré aquí.

Y aún si estoy en toda la disposición de morir, el sol me molesta terriblemente; sigo caminando de igual manera, de extremo a extremo.

De repente, le veo ahí, redondo, negro y brillante. Lo agarro con mis manos y lo miro detenidamente. 

¡Es un cangrejo ermitaño que se rehusa a salir de su concha!

Lo miro detenidamente, me siento, sin poder dejar de observarlo; me recuesto en la arena y no puedo dejar de verlo, es hermoso, pero no sale de su concha.

¿puede un cangrejo permanecer tanto tiempo ahí? ha de ser muy tímido.

¿Y si ha muerto?, no se mueve, ya han pasado veinte minutos, no se mueve

-Hey, ¡señor cangrejo! ¿está ahí? por favor, no se muera, me quedaré aquí hasta que salga.

Es inútil seguir mirando, ya ha pasado más de una hora, mi piel está tostada por el sol y el cangrejo no se mueve

-Señor cangrejo, salga, mire que me angustia bastante… negociemos algo, si usted sale de ahí, yo le prometo, que mi vida será genial de hoy en adelante, no me preocuparé por nada, siempre haré las cosas en mi 100% y sobre todo, no pensaré en morirme hasta que me llegue la hora.

Parpadeé dos veces, y como por arte de magia, el cangrejo ermitaño, movió sus tenazas y comenzó a caminar.

Forever gone

Cualquier tipo de pérdida es dolorosa e incómoda porque te está sacando de una rutina, es como cuando pierdes tu teléfono y tienes que conseguir uno nuevo o cuando pierdes el autobús y sabes que tienes que esperar por el otro.

Camino en línea recta mientras el humo sale a bocanadas de mi boca mientras pienso “He sido una mala persona”; luego me detengo al ver cómo mi reflejo se ha quedado estático al pasar por una vitrina llena de trajes un tanto pasados de moda, me acerco, y hago un ademán como de escucharle mientras se inclina hacia mi y me susurra en el oído.

-No hay nada de malo en todo esto, de hecho, ni siquiera es tu culpa; tampoco hay nada de malo en los demás, ni en las sombras que has dejado atrás, el problema radica en tu falta de voluntad, no es el momento, ni el lugar adecuado, pero tal vez más adelante…

-No, más adelante pensaré igual, no puedo ver a las personas tal y como son, porque siempre busco en ellas algo ajeno, cosas que les atribuyo para hacerles parecer a lo que quiero.

-Lo que quieres se ha ceñido a un solo ente, a un conjunto de cosas que amabas, e intentas convertir a las personas en ello; sin embargo, con el tiempo de das cuenta de tus particularidades y te irritan, todo te molesta, el más mínimo gesto te saca de quicio, y te preguntas por qué una y mil veces, sin embargo es injusto que ellos cambien y tu sigas igual.

Emprendo marcha en dirección contraria a la que iba, me topo con la puerta de la casa en unos pocos minutos y me dejo caer en el sillón, respiro hondo y pienso para mi.

Es imposible amar cuando ya amas a alguien más, es imposible acompañar a alguien cuando no te encuentras ni a ti mismo, es imposible hacer feliz a alguien cuando lo único que encuentras para dar son pedazos.

No voy a estar tranquilo pero no voy a buscar; desciendo nuevamente al pozo que antes había intentado abandonar, aprieto cada bloque con las uñas sin dejarme caer mientras me voy deslizando suavemente por la superficie vertical. Nada aquí ha cambiado, todo huele igual, miro la esquina donde antes fue mi lecho y allí me recuesto cómodamente a su lado, al lado de los recuerdos mientras espero a que regrese.

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